sábado, 26 de junio de 2010

MEDIA HORA CON MICROSOFF OFFICE

Niños enguayabados.
Bueno, debo ratificar que cualquier herida que mi corazón haya sentido por estos días fue de clase b, pequeña en apariencia pero realmente significativa en el modo que afecto el estilo de vida que he decidido llevar hasta que me muera. ( un conocimiento exacto de Dios y cultivar diariamente una relación estrecha en total confianza)
El martes llegaron los niños del club, los niños suelen tener un olor rarísimo, es una especie de sudor en seco, que crea alrededor de sus pequeñas cabezas un aura tibia que podes respirar cada que les das un abrazo o un beso en la frente, tienen esos ojitos libres de culpa, la manos son un cuarto o la mitad de pequeñas que las tuyas, y los bracitos, son tan delicados que no comprendo cómo alguien puede corregirlos con violencia. Aunque claro esta no dejo de pensar que los niños son seres que necesitan toda la corrección y disciplina del mundo, pero una que no lo lleve a irse en contra del conocimiento de su propia humanidad.
Bueno, yo me sentía impura, por un beso, sé muy bien la ilegalidad del beso, mas porque aunque en el momento la emotividad podía llenar cualquier reflexión lógica, no tarde mucho en quedarme sola y comprender que un beso sin libertad, sin comunión de creencias espirituales, es como una intoxicación con heroína que te lleva por 3 días a cuidados intensivos.( nunca volveré a besar sin libertad y sin comunión)
Ok , los niños; cuando los niños llegaron, se fueron a sembrar a la jardín, los que se quedaron en la casa trébol tomaron cartulinas, pinceles, lentejuelas, yo no dejaba de abrazarlos, de cierto modo sentía que le daban vida pura a este corazón estúpido que andaba lastimado, si le digo estúpido no crean que es baja autoestima, es la verdad, yo sé que hay y que no hay estúpido en mi interior, en fin…a la hora y media decidimos salir a caminar un poco, fuimos a las mangas donde antes yo solía ir a jugar, luego a fumar marihuana, y me sorprendió en extremo ver que no tuve que fumar nada ni aunque estuviera triste para reconocer que aquel paisaje es tan hermoso… la hierba estaba llena de flores blancas, y una de las niñas, que es tan bonita, se metió entre la hierba y saltaba feliz! Mientras lo hacia salían por el aire pequeños grillos y pequeñas mariposas diciendo – huyan de esas botas bubble gommers!!! Los demás corrían por la colinita jugando llevas improvisadas, hasta que uno de ellos no recuerdo cual, vio el árbol lleno de guayabas, y se trepan, yo les decía, pasito con el arbolito, cuidado se caen, cuidado, cuidado, cuidado! Tantos cuidados en un momento tan lleno de pureza y fortaleza, otro grito a lo lejos que habían mas arboles de guayabas y todos corrieron hacia las minas frutales, pero Juanito un niño antioqueño, se quedo trepado en el primer árbol diciéndome con su súper paisa, ay profe espere yo cojo la mas maduriiita. Jiji, que risa, porque la mas madurita se hallaba en la punta de la rama y el con síndrome de spiderman avanzo hasta ella y claro la rama cedió, jiji, y se doblo, y el gritaba con tal fuerza, profeeeee, ayúdeme! La hermanita decía profe ayúdelo! Y caramba a mí se me sale el cristiano que quiero ser, el chapulín colorado que llevo en mi interior, pero más que eso el ser humano que puede socorrer cuando es necesario, y cuando él estaba a punto de llorar de pánico, lo tome de su pequeña caja torácica y le dije, nada te pasara, aquí estoy, ten confianza y suéltate de la rama, mientras decía –ay, ay, ay, se deslizo suavemente hasta quedar perfecto en mis brazos, luego fuimos a revisar unos árboles y después nos subimos a la colina para ver atardecer, me pidieron que les contara historias, cada uno tenía bolsas de canguro improvisadas en sus camisas, llenas, llenas de guayabas, guayaba aquí y allí, guayaba para todos, hasta el atardecer, a juliana, se le quedaban incrustadas las pepitas en sus aparatitos dentales, y yo con un espartillo de hierba se los sacaba suavemente después que devoraba como un conejo la redondez de la guayaba -soy adicta a la guayaba- decía..y me reía…
A veces lloro mucho, porque sin aviso, me convertí en adulto, con unos deseos tan estúpidos que de niña no se me hubieran pasado por la cabeza, hace un año me propuse ser la misma que vino al mundo, ya lo había intentado, pero el adulto corrompido de razones vanas que deje habitara en mi lo impedía con unos supuestos buenos argumentos, ahora después de los niños enguayabados comprendo que en el transcurso del año he ido regresando, poco a poco, y que es bueno ser esta niña gigante, para poder ayudar a algún niño loco el día en que se vaya a caer de un árbol de guayabas.