viernes, 4 de junio de 2010

PADRE

Volver a ser esta misma mujer que estimo
Abrir los ojos en un día sin nombre
Ver la piel, los poros, sentir los aromas
Una ventana abierta
Aves grandes y pequeñas que no cazan mariposas
En el arco de la puerta, la calurosa presencia de mi madre, su beso.
Un silencio aromático que desconoce la monotonía
Afuera esos mismos hombres que se estiman
Los que lucharon contra sí mismos
Desprendiendo su mirada de lo que dura poco
Ni seda, ni piel, ni rápidos orgasmos sin misterio
Frente al rostro: carisias frescas de sol
El olvido del calzado
Los dedos agarrados de la hierba
El mundo de las tinieblas ha sido conquistado
Volver a ser esta mujer que estimo
Abrir los ojos sin necesidad de espejos
Reconozco mi sangre en los latidos del corazón
Nunca dejó de ser nuestro el cielo
Olvidado el plástico, las batallas del dinero
Arriba: estrellas dispuestas a los sueños de los niños
Abajo: danzamos alrededor de una fogata enorme
Leños inmensos de palo santo
Adoramos al Dios feliz, hemos vencido la codicia.

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